viernes, 20 de marzo de 2009

EL TEATRO
Se llama teatro al edificio destinado a la representación de obras dramáticas o a otros espectáculos propios de la escena. Teatro es, también, el arte de componer obras dramáticas o de representarlas. El en el oriente antiguo las representaciones teatrales se iniciaron en festividades dedicados a danza y representaciones mímicas. Pero estados escenas tienen su origen en el hombre primitivo, que al realizar danzas y ciertos movimientos rítmicos en honor al fuego, al sol, a la lluvia el agua y otros fenómenos naturales, inicia los ritos religiosos y las representaciones aunque muy rudimentarios, son el origen del teatro.


Estas escenas tuvieron repercusión en la china antigua, en el Japón y en la india, en ceremonias en honor brahama.
Los primeros teatros griegos constaban de dos partes esenciales: un espacio circular en cuyo centro se alzaba la estatua de Dionisos y el hemiciclo con para los espectadores. a medida de que los coros se ciñeron al texto de la obra representada , los teatros se transformaron.

El primer teatro de piedra construido en Grecia fue dedicado a Dionisio en Atenas y sirvió de modelo para otros. Este teatro se termino de construir bajo la administración de licurgo, entre los años 330 a 340 antes de Jesucristo. Se dividía en tres partes fundamentales: la orquesta, que formaba un círculo casi completo, el lugar para los espectadores y la escena. Las gradas donde se hallaban los espectadores tenían la forma de un semicírculo, limitado por dos muros que seguían la dirección ascendente y descubrían la vista de la escena. os muros que limitaban el hemiciclo y la escena; el publico subía desde la "orquesta " a los asientos. En el espacio libre para la danza del coro se alzaba el altar de Dionisio, y alrededor de el ejecutaban sus danzas los albilarines.

Si se representaba un drama o tragedia. En cuyo los integrantes del coro debían acentuar ciertas escenas culminantes, se les destinaba un tablado especial denominado "orquesta escénica" en oposición al la "orquesta corica". Los actores aparecían en escena procedentes de las entradas preacticadas en el muro del fondo (una especie de telón de fondo) entre diversas columnas y se presentaba ante el público. A los costados de este muro había puertas también, y en la parte superior una galería.

El teatro clásico griego (siglos VI y V a. C.) tiene como primer marco de representación cualquier lugar cercano al altar de Dionisos, dios del vino y de la fecundidad. Eran las fiestas dionisíacas o bacanales, en las cuales los hombres se cubrían con pieles de macho cabrío y cantaban y bailaban. Los cantos eran dirigidos por el corifeo. Pronto, y ante el éxito que estas manifestaciones literarias y religiosas estaban tomando, se comienzan a construir los primeros edificios destinados exclusivamente al teatro: se trataba de estructuras de piedra semicirculares asentadas sobre la falda de una colina. El lugar de la representación se encontraba en la parte inferior de la construcción. La orkestra estaba destinada a los danzantes y tenía una forma circular interrumpida por la skene, con forma de rectángulo alargado. El escenario, normalmente de madera, se elevaba tres o cuatro metros sobre la orkestra. Para lograr algunos efectos especiales, se utilizaban ganchos, poleas y plataformas.

En el teatro romano (siglos I a. C – I d. C.) se produce la ampliación del escenario a costa de la orquesta, que pierde importancia, y se mejoran los aspectos técnicos referentes a la visibilidad y a la acústica, aunque la estructura del teatro continúa siendo prácticamente la misma, con la única diferencia de que ya no se aprovechan las laderas de las colinas, sino que los teatros son edificios exentos. Tras la decadencia de Roma sobrevienen varios siglos de inactividad teatral y decadencia.

Poco a poco, gracias al impulso de la liturgia católica, el teatro reaparece como conmemoración divina en los altares de las iglesias. Se trataba de representaciones muy sencillas, sin ningún tipo de escenografía, en las cuales eran los propios oficiantes, o los monaguillos, los que representaban pasajes de la Biblia relacionados con festividades religiosas (principalmente Navidad y Semana Santa). Tal éxito obtuvieron estas sencillas representaciones que, a partir del siglo XIV, pasaron a las calles, donde seglares realizaban pequeñas representaciones sobre tablados portátiles, la mayor parte de las veces carros de madera. Los artificios técnicos eran casi inexistentes, aunque poco a poco se fueron perfeccionando.

Géneros
Dentro de este teatro, los tres géneros mayores eran:

-La tragedia: protagonizada por personajes de alta categoría social que se ven arrastrados por la fatalidad a graves conflictos entre sí, a través de un lenguaje esmerado y cuidado. La tragedia griega se caracteriza por el horror, la desgracia y la muerte. El protagonista suele ser el héroe, que actúa con el decoro suficiente de acuerdo a las normas establecidas. Suele representar un ideal de comportamiento humano. Contra este héroe se encuentra el antagonista, que puede ser un solo hombre o un conjunto de circunstancias contrarias a la voluntad del protagonista. El conflicto suele desembocar en la catástrofe, en la fatalidad. Las obras están regidas por las tres unidades (acción, lugar y tiempo). Los espectadores, ante la contemplación de una tragedia, se solidarizan y sufren con el protagonista, con lo que llegan a la catarsis (liberación).

-El drama satírico o tragicomedia: suele tratar un tema legendario, aunque con efectos cómicos protagonizados, fundamentalmente, por el coro. Los dioses no intervienen en la vida de los hombres y puede haber más de una acción al mismo tiempo. Se encuentra a medio camino entre la tragedia y la comedia: no se evitan las situaciones cómicas, pero tampoco el desenlace trágico.

-La comedia: se basa en la ridiculización y denuncia desenfadada de costumbres y problemas cotidianos. Los protagonistas suelen ser personas normales que sufren en escena, aunque siempre desde un punto de vista cómico. Se busca la risa, por lo que el desenlace es feliz, desenfadado y alegre, sin olvidar la ironía.









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